15.2.12

Amor, amor

No puedo cerrar mi mejor 14 de febrero sin transcribir esta linda historia, que nada tiene que ver con cupido pero sí con amor, con el amor más lindo de todos, con ese amor simple, puro y genuino que se da entre dos personas por algunos segundos... cósmicos.

Hace unos tres o cuatro meses atrás le compré a mi recién nacido sobrino un maravilloso cuadro de El Principito, hecho en papel maché. Hacía mucho tiempo -años- lo venía mirando, sin encontrar aún un motivo para adquirirlo. Era un sucucho chiquitito en el que venden golosinas y chocolates... y estos monos cuadros infantiles. El que yo quería estaba agotado, pero una adorable Teresita -como ella misma me dijo que se llamaba, riéndo y luego corrigiendo a 'Teresa'- hizo un rápido llamado y lo encargó para mi. Apoyada en el mostrador, Teresita miró mis manos y se quedó prendada de mi anillo: una invaluable pieza de cobre y bronce hecha por el Abo, un tesoro de abuelo al que vi partir hace ya casi un año.

- ¡Qué lindo! Siempre me ha gustado el cobre, pero nunca había visto un anillo tan hermoso, estas cosas no se encuentran en cualquier parte - me dijo. Y claro, no voy a saber yo que en Chile, país de cobre, prácticamente no tenemos artesanos que trabajen tan cálido material.
- ¿En serio te gusta? - le pregunté algo incrédula, pues además de ser este un país de pocos artesanos en cobre, es un material poco preciado e incluso disminuído en su valor a ojos de la gran mayoría aquí (y no sabe usted, señor lector, lo mucho que me cuesta escribir esto último, ¡tanta ingratitud hacia el material noble de Chile!). Así fue como, con un nudo en la garganta, le conté orgullosa a Teresita que tan linda joya la había hecho mi propio abuelo y que hoy resulta ser algo invaluable para mi, pues él ya no se encuentra en este mundo terrenal. Le dije también que podía conseguir uno para ella, no idéntico pero sí parecido y algo le mencioné respecto a su valor monetario, ella estuvo de acuerdo y me pidió que no lo olvidara.

Pasó el tiempo y lo tuve siempre en mente. Cada vez que iba al Arrayán, donde está la casa, la tienda y el taller de mi abuelo, olvidaba pedirle a la Cuca que me dejara buscar en la bodega un anillo similar (de la Cuca no voy a escribir en este momento, ella merece mucho más que una mención, ¡merece un libro completo!). Hace un par de semanas atrás lo recordé y traje conmigo el preciado anillo. Lo llevé en mi cartera unas 3 semanas, pues cada vez que pasaba por el sucuchito no la veía a Teresita. Incluso llegué a pensar que mi tiempo había pasado y que la dulce Teresita ya no trabajaba allí, pero ayer la volví a ver y hoy, antes de volver a casa, me detuve en el puestito y esperé para hablarle.

- Teresita - le dije - ¿tienes a alguien que te celebre hoy?. Ella me miró sin entender, se acercó y ladeando su cabeza soltó un resignado "no".
- Bueno, hoy seré yo, entonces, quien te celebre. Dame tu mano -. Sonriente, curiosa y algo tímida me dio su mano y yo puse el anillo sobre ella, cerrándosela sin que lo viera y diciéndole alguna linda palabra de amor que no recuerdo con exactitud. Abrió su manito, cálida y maternal, marcada por el paso de algunos años y su cara mostró una expresión que no puedo describir del todo; una enorme sonrisa y ojos felices, trasparentes y emocionados, me dio un abrazo y me dijo algo respecto a los ángeles, algo como "bendiciones, mi niña, gracias por mostrarme que los ángeles existen", acompañado de un racional "¿está segura que es un regalo?", pregunta que tras algunas horas me hace aterrizar forzosamente en el planeta tierra.

Ese abrazo me traspasó los huesos, el cuerpo. Fue uno de esos gestos simples y sencillos de amor, de esos que uno no da todos los días ni a cualquiera, esta vez, para una extraña. Y yo me fui con los ojos brillantes y con la risa a flor de labios, que mantuve por todo el trayecto a casa y que aún a esta hora conservo. El mejor regalo que me ha hecho nadie en el día del amor, en mis casi 32 años.

7.2.12

¿Quién mató a Gaete?

Un sábado casi casi como cualquier otro. Se venía una noche de carrete como cualquier otro. Decidimos ir a pata, pues los queríamos tomar y desde un tiempo a esta parte, por distintas circunstancias, me niego a manejar con copete o a ir de pasajera de alguien que haya tomado. La ida siempre es fácil, como es temprano una micro basta. La vuelta complica un poco más, depende del lugar en que estés qué tan rápido encuentras un taxi. Esta vez no fue complicado, llamamos a un colectivo y estamos. A eso de las 4:45 nls subimos al auto. 9 minutos demoramos desde Walker Martínez hasta Chile España con irarrázabal. 9 minutos, weon. Algo alcanzamos a comentar arriba del colectivo respecto a la velocidad, en fin, nos bajamos y fue tema inevitable de conversación: ¿qué es más seguro, al final? ¿manejar con copete confiando en tu propio criterio, o ponerte en manos de un chofer de quién NO TIENES IDEA en qué estado se encuentra a esas horas de la noche, o cómo controlar la velocidad a la que maneja? Mi respuesta automática fue decir que prefería ponerme en manos de ese chofer desconocido, jugando a la ley de las probabilidades, pues desde ya sabía que nosotros estabamos bebidos -no borrados, aclaro- en cambio cabía una posibilidad de que ese chofer estuviera bueno y sano... Álvaro no estuvo de acuerdo, dijo confiar más en su propio criterio como para saber si está o no bien para amnejar. Respeto su opinión, con un par de días de distancia vuelvo a pensar en el tema y ya no soy tan tajante en mi opinión; en este momento creo que ninguna de las dos alternativas es la óptima, de hecho pienso que están bastante equilibradas y ante eso automáticamente pienso que ya está, prefiero dejar de tomar que correr uno de los dos riesgos. Lo difícil ahora será manejarme con el sueño que me da si no tomo (ya bebiendo me da tuto temprano, sin copete ya es extremo), pero bueno, nada, es eso o andar arriesgando la vida. Increíble como suena esto último.

22.12.11

Hoy perdí a un amigo

Hoy perdí a un amigo. 21 de diciembre, empieza el verano y yo siento más frío que nunca. Frío de vacío, frío de tristeza, frío de total y completa oscuridad.
La noticia me llegó como un balde de agua fría (a quién no?), mientras veía la tele y pensaba: "por favor, que no sea nadie conocido". Y era. Pelao lindo, el más lindo de todos! No puedo decir que era mi mejor amigo, pero sí era mi amigo, un gallo la raja, con una energía incomparable, siempre con una sonrisa y una talla en la punta de la lengua. Si hasta cuando andaba con el bajón irradiaba buena energía, quién lo quisiera para si!
Cuando pienso en el pelao, pienso automáticamente en lo bien que habla la gente de los muertos. Siempre eran buenos, siempre eran las mejores personas, siempre eran ejemplares. Pero, por la cresta, yo puedo decir desde el fondo de mi corazón que Jorge Basso era un tremendo hombre, repito, de una energía sin igual.
Mantengo en mi cabeza -y espero que sea por siempre- esa particular forma en que se refería a mi: Aniki... Anikikikiririkiiiiikíki! Me decía siempre con euforia. Y me hacía reír. Pelao rico, pelao mino, pelao desgraciao le respondía yo a él. Mi pelao favorito de todo el mundo, un conquistador natural pero siempre jugando, con mucho respeto a María Luisa, su mujer. Cada comentario de él era siempre una sonrisa para quien lo escuchaba o leía.

Hoy lloro por tu ausencia amigo, irresponsable y temprana, la puta madre. Y mis lágrimas no muestran más que una profunda pena y rabia que no puedo negar, por el error que cometiste dejando una hermosa familia llorando tu partida, pelao weon, por la chucha que te daría un buen paipazo por esta cagá que te mandaste, irreversible y dolorosa. Lloro tu sonrisa, lloro tus vibras, lloro tus deliciosos pioropos. Hoy te lloro desde el alma, amigo mio, porque dejaste una marca en este corazón hecho pebre, que espera componerse y seguir latiendo con una pequeña gran cicatriz que lleva tu nombre.

Anika

2.8.11

Camelia


Cuando la vio, sintió como si la hubiera tenido en sus manos toda la vida. Fue un momento de esos que uno describe como "mágicos", de los que se sienten pocas veces. Y es que aquella Camelia era toda perfección: de un intenso y profundo color rosado, de gruesos pétalos y sólidas raíces, contenida en una maceta de greda tan común y corriente que la hacía ver aún más hermosa. Y aunque no tenía el dinero para comprarla, gastó aquello que le quedaba para alimentarse el resto del mes, si al final: ¿cuándo tendría una nueva oportunidad?.

La vuelta a casa fue caminar sobre nubes, como si el resto del mundo no existiera, eran sólo él y su maravillosa Camelia, sin pasado, sin futuro y con un perfecto presente aislados de la realidad. Al llegar fue directamente a ubicarla en el espacio vacío que había estado esperando por ella durante tanto tiempo. Había intentado antes con un Tulipán, una Violeta, una Siempreviva... ¡incluso con un Ficus! Y a pesar que cada uno de ellos tuvo su momento, ninguno era el indicado para llenar aquel espacio que significaba tanto para él. Hasta que llegó su anhelada Camelia.

Cada día al despertar, la observaba y se maravillaba una vez más con su hermosura. La regaba delicadamente, esperando con paciencia mientras la tierra absorbía cada gota entregada, compartida, hasta quedar una vez más nutrida y satisfecha, rebosante de vida. Antes de dormir limpiaba con suavidad sus hojas, que durante el día se dedicaban a contener todo el polvo que viajaba por el aire. Ella atrapaba toda su atención.

Con el tiempo, la vida empezó a sonreírle. Sentía que junto con la llegada de su Camelia todo había mejorado y los problemas empezaban a resolverse. Y así, poco a poco, volvió a retomar su vida diaria: volvió a juntarse con sus amigos, volvió a hacer eficientemente su trabajo, volvió a recorrer los bares y restaurantes que tanto disfrutó antaño... volvió a ser un hombre feliz.

Un día despertó agitado en medio de la noche. Tenía el pecho apretado y la boca seca. "Un mal sueño" pensó. Se levanto para ir al baño y al regresar a su habitación, se encontró con su Camelia, iluminada por la ténue luz de la luna. A penas podía distinguirse su color y había un par de pétalos en el suelo. Se acercó asustado y al verla algo marchita, se arrodillo y un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, justo después de recordar que no la regaba hacía tres días. ¡¡Tres días!!. ¿Cómo había podido olvidarla tres largos días?. Trajo agua y le dedicó largos minutos, como el primer día, esperando con amorosa paciencia que sus raíces lo absorbieran todo. Se acostó exhausto y con el corazón entristecido, jurándose a sí mismo que nunca más volvería a olvidarla, dulce Camelia, aquella que lo había conquistado con su bellos colores y firmes raíces, hoy lloraba pétalos de tristeza, de abandono. Se durmió. A la mañana siguiente se levantó directamente a verla y a pesar que estaba recompuesta, algo extraño notó, no supo definir si se trataba de su color, del brillo de sus hojas o de la fuerza de su tallo. Algo había en ella que no andaba bien, pero pensó que quizás aún estaba sufriendo las consecuencias de su descuido. Y aquella noche volvió a regarla y a limpiar sus hojas, esperando volver a ver en ella aquello que lo conquistó.

Pero él volvió a olvidar regarla al poco tiempo, y esta vez sintió una tristeza calma y vacía de lágrimas. Pasaba el tiempo y cada vez eran más recurrentes sus olvidos y poco a poco esa tristeza que sintió la primera vez comenzó a transformarse en indiferencia, pues su Camelia ya no le hacía sentir que el mundo era sólo de los dos, su intenso color rosado se había vuelto pálido y frío y su maceta de greda era... ¡ahhh! Cuánto detestaba esa maceta, ¡tan falta de carácter!. A veces, por las noches, recordaba el momento en que la vio por primera vez, recordaba esa felicidad tan inmensa que le hizo sentir. Recordaba cuando la trajo a casa y cómo estuvo durante días comiendo simplemente pan y bebiendo agua... hipnotizado con sus vivos colores y alimentándose del aire que ambos compartían y respiraban. En aquel tiempo no necesitaba nada más... ¿y hoy?, ¿qué había sucedido con esa embriagante sensación que otrora llenó sus entrañas? Sufría pensando que todo eso se había ido quién sabe dónde, y mucho menos, por qué.

La marchita Camelia que hoy estorbaba en su pasillo se había vuelto dolor y molestia: le recordaba cada día aquello que ya no existía y que era su deber mantener con vida, pues, ¡por dios!, ¿cómo podía abandonarla a su merced sabiendo que eso significaba una muerte segura?. Así, continuó regándola cuando lo recordaba y rápidamente, pues siempre tenía algo más importante qué hacer. Se acabó el amor paciente con el cual esperaba que se alimentara desde sus raíces. Se acabó la dulzura con la cual limpiaba cada hoja. Se acabó aquella mágica luz que lo mantenía a él, a su casa y a su vida llenos de amor y placer. Ya no quedaba nada.

Triste Camelia, hoy yace en el rincón viviendo una lenta muerte. Él ya casi la olvidó, pero un breve recuerdo de la sensación pasada lo lleva a prolongar su muerte en vida cada cierto tiempo a través de un gélido vaso de agua, que la Camelia recibe como llamas de fuego que la consumen poco a poco. Hoy ha llegado a casa la luminosa Azucena, dispuesta a llenarlo todo con su perfume y los vivos colores que lo conquistaron, esta vez, para siempre.


La imagen: Tang Yau Hoong

23.11.10

ÉXITO

Llevo un tiempo pensando en esta palabra de 5 letras, tan cortita y con tanto significado.
Y lo que me ha llevado a pensar en ella no es un un anhelo propio, sino uno global.
Pareciera ser que todo el mundo persigue el éxito... pero, ¿qué vendría a ser éxito?, ¿cómo se describe a una persona exitosa?.
Mucho más allá de la definición etimológica de la palabra (del latín exitus = salida. O según la ultimamente ninguneada RAE: 1. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc. ó 2. Buena aceptación que tiene alguien o algo.), el éxito pareciera estar automáticamente asociado a los logros económicos y/o de poder. Una persona rica y/o poderosa por lo general es asociada a este concepto. Tanto es así que hoy por hoy muchos padres incitan a sus hijos (y en algunos casos, no pocos, incluso los obligan) a estudiar carreras relacionadas con el arte de hacer plata (en Chile: la ingeniería). ¿Sabía usted que en Chile con el sólo hecho de estudiar ingeniería ya tiene un puesto y un sueldo nada despreciable ya asegurado?. Por más increíble que se lea, así es.

Volviendo al éxito: ¿qué pensaran los ricos y poderosos?, ¿se autodenominarán exitosos? y finalmente: ¿qué viene luego del éxito', ¿cuál es el siguiente paso?.

Para mi, el éxito está lejos de la plata y el poder. Me parece MUY triste ver ese brillo de "felicitaciones" en los ojos de quienes escuchan a alguien hablar de sus logros económicos, como si fuera una persona que ha logrado el éxito, mientras que observan con la máxima expresión de lástima a aquellos que quizás no tienen el mejor sueldo, la mejor casa o el mejor auto. Triste, muy triste. Y sí: estoy haciendo un juicio valórico, absolutamente. Y soy yo quien mira con lástima a aquellos que asocian el éxito con la riqueza económica.

Según mi propia definición de vida, considero exitosa a una persona que es esencialmente feliz, una persona que no condiciona su felicidad a las circunstancias, momentos ni gente que los rodea. Una persona que no está esperando "algo" para ser feliz, sino que es feliz intrínsecamente. Y
ojo que si para alguno la felicidad implica riqueza, también la considero una persona existosa, mientras que no pierda su felicidad si pierde la riqueza...

Y hoy me encuentro justamente buscando el éxito, volviendo a lo escencial de la vida, volviendo a rescatar aquellas cosas que me hacían ser feliz independientemente de las circunstancias. Alguna vez fui una mujer exitosa... y pronto volveré a serlo.

16.3.10

IDENTIDAD

Ayer, mientras oscurecía, me senté en la terraza a pensar acerca de las mil ideas que vagan por mi cabeza, muchas de ellas aparentemente inconexas. Escuchaba el correr del agua (porque tengo la FORTUNA de vivir en un maravilloso lugar, por el cual pasa el Estero del Arrayán... si hasta su nombre es mágico) y haciendo mi mejor intento por percibir las cosas esenciales de la vida, quise arreglar un poco el desorden que tengo en la cabeza y en el corazón.
Lo primero que tomé fue una casual conversación que tuve por la manaña: detenida en una luz roja, se me acercó un hombre cojo, gordito, con la piel bien tostada por el sol, de unos 45 o 50 años, calculé. Tomé una moneda y se la entregué distraída. Él me retuvo la mano, suspiró y dijo:
- Como quisiera yo casarme con usted
- ¡¿Conmigo?! - respondí
- Si, señorita - dijo él sin soltar mi mano
- Pero señor, tenemos un problema, pues soy una mujer casada...
- Ah, pero cuál es el problema? puede tener dos maridos!
- Tiene razón, entonces, sabe qué? déjeme pensarlo y le contesto mañana
- Y a qué hora va a pasar por aquí mañana? - dijo él muy interesado
- Yo creo que voy a pasar por la tarde - le contesté, mientras el semáforo cambiaba a verde
Comencé la marcha y lo último que me dijo el hombre fue:
- La espero mañana, pero hoy no le cuente a su marido, porque no la va a dejar!

Me hizo sonreír.
Me desconocí un poco, también.
Y me sorprendí, por desconocerme.
Unos días atrás había tenido cierta conversación con mi pareja acerca de nosotros mismos y de temas íntimos de los cuales no hablaré aquí. Fue una conversación algo repetida e incluso un poco desgastada, salvo por una luz que se encendió entre medio de las palabras, una luz que quizás a simple vista pareció encenderse y apagarse sin mayor repercusión, pero que, muy por el contrario, resultó ser "el ojo del huracán", como podría decirse. Y fue a raíz de esa luz que hoy me encuentro cuestionándome cosas personales, profundas y VITALES.

He descubierto que no tengo identidad, que la perdí en el camino, no sé cuándo ni cómo, pero la perdí.
Hoy me miro al espejo y simplemente no reconozco lo que veo, desde lo más banal a lo más profundo. Es como si hubiera sufrido un asalto sin darme cuenta, y el ladrón se hubiera llevado lo más personal que tenía: mi esencia. Es como si me hubieran despojado del tesoro más grande que tenía y me hubieran dejado vacía, tirada al lado del camino. Es como si hubiera pasado el tiempo y yo recién hoy notara que ya no soy yo, que "yo" ya no existe y que ahora... y ahora? Tengo que buscar al ladrón y rescatar lo que me robó? Tengo que olvidarme de aquello y construirme nuevamente? Y sea cual sea la verdad... por dónde se empieza?

Hoy sólo sé que me robaron y que no hice nada por impedirlo, que soy tan responsable de todo esto como lo es el ladrón.
Hoy derramo lágrimas por lo que perdí, pues era todo lo que tenía PROPIO.
Hoy me siento completamente vacía, hoy no estoy.

15.3.10

Todo un año tuvo que pasar para que me decidiera.
Todo un año para que las palabras nuevamente brotaran de mi cabeza, pasaran por mis dedos y quedaran plasmadas en la pantalla.
Todo un año para que la vida una vez más me enrostrara para decirme: "No basta con que lo hayas vivido una vez para que aprendas".
Todo un maldito año para sentir cosas que creí que no volvería a sentir, mi lado negro.
Todo un año, todo un año.

Son varias las cosas que tengo que aprender:
Que esto me volverá a pasar
Que tengo que dejar de creer que "ya aprendí"
Que soy una mujer común y corriente (esta es la parte que más me cuesta)
Que no todo es tan bonito como se ve
Que no soy tan fuerte como creo
Que soy lo que soy
Que me quejo mucho y hago poco
Que tengo que liberarme de todas las ataduras, por más que duela
Que no debería derramar lágrimas por todo lo que me pasa
Que si no me quieren como soy, tengo que aprender a darme cuenta y a dar media vuelta
Que la vida es una sola y hay que disfrutarla (a riesgo de sonar tonta: esto es lo segundo que más me cuesta)
Que nada es tan grave como parece (por qué se me tiene que venir el mundo encima? Me ahogo en un vaso de agua...)
Que la vida tiene mil y un detalles maravillosos, que lamentablemente a ratos olvido (a veces son ratos MUY largos)
Que las corazas a veces son necesarias, lo importante es identificar claramente los momentos para usarlas
Que no todo es como uno quiere (ahí se me arranca lo caprichosa)
Que hay cosas que se pueden retomar, nunca es tarde
Que no me conozco todo lo que quisiera
Que quizás hay un camino alternativo a la gran Alameda
Que mi cabeza le teme a mi corazón
Que muchas veces mi piloto automático se activa solo (o que no me doy cuenta cuando lo activo?)
Que debería omitir la palabra "NO" de mi vocabulario
Que podría estar la vida entera en esto

En fin, tantas cosas...

3.11.09

El rey león

Hace casi 2 meses que la Mayita decidió aventurarse fuera de casa, para no volver (lo segundo dudo que haya sido voluntario... pero no me cabe duda que debe estar con una familia que la quiere).
Ese día llovió, recuerdo. El perímetro de nuestra casa estaba cerrado para evitar justamente algo como eso, pero con la lluvia una de las maderas que cerraba el paso se ablandó (era un vil cholguán) y nuestra Mayita raspó y raspó... hasta que logró salir.

Y ahí estaba Soto, el Sotito, mirándola arrancarse y probablemente pensando si seguirla o no... Mal que mal era su hermna mayor y cuando uno es chico los hermanos mayores son, por lo general, ejemplos a seguir (o al menos eso vemos desde nuestros ojos de niños). Puedo imaginar su carita inclinada, viéndola alejarse, dudando profundamente si seguirla en la aventura. Pero no. Soto decidió quedarse, quizás a cuidar la casa, quizás porque a su corta edad ya había pasado pellejerías, ya algo conocía la calle y no estaba dispuesto a correr el riego de voler a eso, quizás...
Desde el día en que se fue nuestra Maya decidimos no volver a cerrarle el paso a nadie, de ahora en adelante el Soto o cualquier otro perrito que llegue a nuestras manos tendrá toda la libertad para quedarse o marcharse, para recorrer el cerro, para bajar al río, para pasear, para quedarse, para volver o no volver.

Y ahí está Sotito, fiel compañero, guardián de la casa, regalón de la mamá!
El primer día de libertad nuestro temor era que nos siguiera cuando nos fuéramos a trabajar, que llegara al portón y después no supiera como volver, o que en el camino se encontrara con los temibles San Bernardo de mi papá, pero no pasó así: nos siguió hasta la mitad del camino y luego volvió a casa. Y al volver, después de una larga jornada laboral, Pepé nos esperaba ansioso, recibiéndonos con muchos besos y sacudiendo todo su cuerpo de pura felicidad (porque él no mueve su colita, mueve el cuerpo entero!!).
Desde ese día, cada mañana nos acompaña hasta el auto y se sienta en su roca a despedirnos mirando al horizonte con su postura de perro bravo, asegurándonos con sus ojitos que todo va a estar bien en nuestra ausencia, porque el rey de la manada siempre estará aquí para cuidarnos.

17.2.09

CON LOS OJOS BIEN ABIERTOS

No sé en qué momento dejé de pensar en mí.
No sé en qué momento dejé de quererme.
No sé cuándo fue que sucedió, que empecé a vivir la vida en modo automático,
que dejé de gozar, que dejé de vibrar.
Y fue mucho tiempo, fueron años los que pasé bajo este auto-régimen del robot.
Sin cuestionar, sin observar, sin sentir, sin detenerme un segundo y sentir...

Y llegó un día en que la vida misma se encargó de hacerme ver lo que estaba pasando.
Me tomó por los hombros, me zamarreó y me gritó a la cara: Mariela, ¡¡escucha tu corazón!!
Y yo, impávida y muda, perdí el color.
Como si me hubieran puesto una pantalla enfrente, que reproducía los últimos años que había vivido.
Y lloré.
Y grité.
Y escupí, y caminé muchas horas con la mente en blanco.
Sólo respirar.
Sólo escuchar.
Detenerme con los ojos cerrados e inflar el pecho de aire. Una. Dos. Tres veces.
Comer chocolate, dormir.
Escuchar música y seguir llorando, hasta botarlo todo.

Desperté y las nubes cubrían el cielo.
Lo bueno es que igualmente yo sabía que había mil estrellas tras esas nubes.
Y que podía tomar una de ellas y quedármela.
Y seguir, con los ojos bien abiertos.

11.2.09

LA SOLEDAD


Como el capullo que envuelve
Como la flor que no florece, que se esconde al salir al salir el sol
que, pétalo tras pétalo, bota la amarga tristeza...
Ha elegido vivir en oscuridad, no ver más la luz, descartar toda posibilidad de ser feliz una vez más.
Porque la felicidad hay que merecerla, dice.
Porque la felicidad no se busca, no se persigue, mas sí se gana.
Porque la felicidad es de unos pocos, felices infelices.
Porque la felicidad... ¡maldita felicidad!
Y ya no hay cobijo, la soledad penetra cada rincón y azota con la fuerza de una marejada, sin piedad hacia quien la recibe. Y enfría, y enloquece. Ser fuerte ya no existe dentro de sus parámetros, pues no hay razón. Recibe cada golpe y lo acepta.
Poco a poco pierde la voluntad de elegir, se entrega a la vacuidad.
Eterna.




La imagen: http://dan-may.com